«Acerca de su crecimiento en la East Village [NY], Buscemi advierte sobre el sentimentalismo. "Tienes que ser cuidadoso de no ponerte nostálgico de una cierta época. O sea, recuerdo que cuando vivía en East Village a finales de los '70 y '80 no me daba cuenta que eso era lo que estaba pasando delante de mis ojos. Necesité un par de años para darme cuenta. Y me lamentaba de Greenwich Village, porque leía libros de Kerouac, Ginsberg y Burroughs, y decía: 'Desearía haber vivido en los '40 y '50, era cuando Nueva York era cool'. Y estoy seguro que en cada generación, llegas a cierta edad y anhelas el pasado".»
Artículo completo en Observer.com
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12 de agosto de 2015
9 de agosto de 2013
"Todo sobre Steve Buscemi" (NYPost, 2010)
Artículo escrito por Reed Tucker para el New York Post, publicado el 24 de enero de 2010.
Todo sobre Steve Buscemi
El ladrón de escenas es el centro de atención
Como cualquiera que haya visto a Steve Buscemi ocasionalmente tomando el tren F sabe, el tipo es uno de nosotros. Nació en esta ciudad, ha extinguido incendios en esta ciudad y, a pesar de su éxito, se ha opuesto al comportamiento estilo Hollywood. Todavía vive en un brownstone alejado de la Séptima Avenida en Park Slope y dice que nunca quiso mudarse a Los Angeles.
"Aquí el negocio del entretenimiento no está todo el tiempo en frente tuyo", dice. "Me gusta estar en este negocio, pero no vivir en medio de él. Si vives en L.A., a menos que vivas en la periferia, es difícil de evitarlo".
Buscemi también se parece a uno de nosotros. No tiene aspecto de estrella de cine ni desprende el patentado brillo supernatural que desprenden los famosos, el cual sospechamos que solo puede ser logrado mediante años de tratamientos de spa ridículamente costosos, quizás incluyendo esperma de ballena. Buscemi no es feo, pero tampoco es lindo. Tiene el tipo de cara de la que tu madre diría "tiene carácter".
Sus ojos son saltones. Sus dientes son un poco prominentes. Su pelo está perdiendo terreno con su frente. Pero en vez de ser un detrimento, en realidad su aspecto suma a su viabilidad como actor. Si George Clooney interpretara a un nervioso solitario que no puede conseguir una chica, el público miraría hacia el costado y se dirigiría hacia el lobby. Cuando Buscemi lo hace, todos lo aprobamos al unísono y decimos: "Sí, es más o menos correcto".
Buscemi además, en contra de todos los pronósticos, se rehusó a ser encasillado. Los indie snobs lo veneran como un tipo que sólo lo hace por el arte, pero convenientemente se olvidan que ha hecho no uno sino dos blockbusters de Michael Bay (el mismo número que Megan Fox, para tu información). No es que Buscemi esté particularmente interesado en volverse un referente del mainstream o en retener su imagen de rey del cine independiente.
"No me veo como el rey de nada", dice. "He hecho un montón de cosas diferentes. Películas animadas, películas para niños. Las tramas que más me interesan han sido de películas independientes, pero para mí, no importa de donde proviene el dinero o quien hace la película. Importa el contenido del guion. Eso es lo importante".
Resulta que su última película, Saint John of Las Vegas, es independiente. Tan independiente, de hecho, que Buscemi la produjo él mismo con su nueva Olive Productions: una compañía que formó con Stanley Tucci y la productora de Robert Altman, Wren Arthur.
"Stanley y yo somos amigos, hemos trabajado juntos algunas veces y ambos dirigimos cuatro películas cada uno. Nos ayudamos el uno al otro para hacerlo, ya sea simplemente hablando del guion, hablando del casting o mirando cortes", dice. "Después de un tiempo tuvo sentido formar una compañía y tener un productor en común".
Mejor conocido, y a menudo querido, por papeles de reparto en series de TV y películas, como Los Soprano y El gran Lebowski, en Saint John, Buscemi se queda con el papel principal.
La película se centra en John, un apostador compulsivo que trabaja para una empresa de seguros de Albuquerque. Cuando su ofensivo jefe (Peter Dinklage) le pide que ayude a investigar un posible episodio de fraude cerca de Las Vegas, John parte hacia la carretera con su malhumorado compañero (Romany Malco). Lo que sigue incluye a Sarah Silverman como una novia empalagosa, una stripper en silla de ruedas y John Cho como una antorcha humana en una feria cuya llama no puede ser extinta.
"El personaje protagonista era encantador, gracioso y listo, y entendí su necesidad de apostar y negarlo", dice Buscemi. "Para mí, eso es lo divertido de actuar: interpretar personajes que tienen problemas y son complicados".
El escritor-director debutante Hue Rhodes desarrolló el guion con la ayuda de Spike Lee, que dictó una de sus clases en la Universidad de Nueva York. Buscemi no tuvo reparos en trabajar con un principiante.
"Siempre me gustó trabajar con escritores y directores nuevos, así que no fue una decisión complicada", dice.
Para su siguiente proyecto importante, el actor se asoció con todo menos un principiante. Boardwalke Empire es una nueva serie de HBO, basada en hechos reales, que se estrena en otoño. Es producida por Martin Scorsese, quien además dirigió el piloto.
HBO ha dado poca información sobre la serie, excepto que está ambientada en New Jersey en los años 1920 y se centra en Nucky Thompson, "el indiscutido gobernante de Atlantic City, mitad político mitad gangster". Buscemi, que ha filmado casi la mitad de la primera temporada, aporta algunos detalles más.
"Thompson no es un gangster. Es el tesorero del condado. Consigue las cosas utilizando cualquier medio necesario", dice. "Cuando aparece la ley seca, no se va a desvivir por la ley para darle a sus electores lo que quieren".
Muchas de las escenas fueron filmadas en un set gigante del paseo marítimo de Atlantic City — completo con arena transportada con camiones — construido en un parking de Greenpoint, Nueva York. "También hemos filmado en un montón de iglesias antiguas de Brooklyn que a lo largo de los años no han cambiado", dice Buscemi. "Hemos estado por todos lados. Bronx, Staten Island. En todos lados menos Atlantic City".
Incluso sin el proyecto de Scorsese en su curriculum, el lugar de Buscemi en la historia cinematográfica está asegurado — solo por ser el tipo que metieron en la picadora de madera en Fargo.
Pasó mucho tiempo desde su época como actor novato, alumno desertor, haciendo trabajos temporales, incluyendo el bombero de NY durante cuatro años en los 80, y viviendo en la East Village.
"Vivía ahí porque el alquiler era barato, y me llevó un par de años darme cuenta de que había un movimiento a mi alrededor", dice el actor, que se mudó a la zona en 1978. "Música, arte, performance, danza, teatro. Había como una especie de comunidad de personas que trabajaban unos en los shows de los otros o iban unos a los shows de los otros y viceversa. Fue una época realmente divertida".
Así y todo, hoy no es tan mala tampoco.
25 de julio de 2013
El increíble Steve Buscemi habla de magia, Boardwalk Empire y más
Artículo escrito por Stephen Whitty para NJ.com, publicado el 10 de marzo de 2013 con motivo del estreno de The Incredible Burt Wonderstone.
Si eres un actor protagonista, la edad es una constante compañera desleal. Cada regalo que te da -un poco menos de cabello, un poco más de cintura, algunas arrugas extra- significa menos trabajos, menos papeles, menos oportunidades. El aspecto de tu carrera depende directamente de cómo te veas.
"Obviamente", dice Steve Buscemi, "en mi caso eso nunca fue algo de que preocuparme".
Con su expresión siempre sorprendida y una sonrisa de antaño, Buscemi, con 55 años, no es un modelo de revista (una de las bromas habituales en Fargo es la cantidad de gente que lo describe como "un poco raro"). Un rol para el cual no lo contratarías es el de la típica estrella de la farándula.
De hecho, en su última película, The Incredible Burt Wonderstone, interpreta al compañero de Steve Carell en los espectáculos de magia. Y en su primera entrevista de trabajo, el jefe del casino James Gandolfini les dice que Buscemi es muy poco agraciado como para estar en el escenario.
"Sin animo de ofender", agrega Gandolfini.
"No hay de qué!", dice Buscemi animadamente.
Las bromas son injustas, por supuesto. Buscemi -que es parte irlandés, parte siciliano- simplemente tiene un rostro del Viejo Continente, bastante melancólico. Y con respecto a esos dientes torcidos: bueno, desde que se volvió famoso, ha tenido ofrecimientos para arreglárselos y siempre ha rechazado a los dentistas, bromeando con que si lo hacía, no volvería a trabajar nunca más.
Pero hay algo en Buscemi más allá de la apariencia que lo hace conseguir personajes con nombres como "Willy la comadreja" o "Crazy Eyes". Hay una intensa dedicación que lo ha llevado de cintas indie neoyorquinas a Boardwalk Empire de HBO, pasando por thrillers de Quentin Tarantino y comedias de Adam Sandler.
"Así es cómo se dio", dice Buscemi, que además ha dirigido películas y series (como el clásico episodio "Pine Barrens" de Los Soprano). "Cuando recién empezaba, nunca hubiese podido imaginar las películas que he hecho y la gente con la que he trabajado; mi carrera no tenía un camino. Solo me mantuve abierto a las posibilidades".
Las posibilidades no parecían ser ilimitadas cuando Buscemi crecía en la clase obrera en Brooklyn y Long Island. Su padre trabajaba para el departamento de basura y su madre trabajaba en el Howard Johnson's; Buscemi jugaba con títeres y trucos de magia.
"Tenía el muñeco ventrílocuo de Jerry Mahoney", recuerda. "Y un kit de magia con una pequeña guillotina: ponías tu dedo dentro y parecía que iba a cortarlo, pero el filo estaba en una bisagra. Era ingenioso".
Empezó mandándose la parte frente a parientes en las cenas familiares. Le empezó a gustar la atención. "Era muy joven, jugaba mucho con títeres y actuaba haciendo las voces. Cosas normales de niño", dice. "Pero escuchaba a mi madre contarle sobre eso a sus familiares, maravillándose como si fuese algo único. Y me hizo darme cuenta, ah, capaz que sí tengo talento en algo".
Sonríe.
"'Talento', probablemente a esa edad ni siquiera sabía el significado de esa palabra", dice. "Pero el entusiasmo por actuar, eso es algo que no ha cambiado para mí. Ese placer simultaneo de crear algo y compartirlo con un público, es igual ahora que como era entonces, cuando solo era la fiesta de cumpleaños de mis primos".
Buscemi se las arregló bastante durante la secundaria, luego se dejó llevar un poco. Tomó algunas clases en un centro de estudios superiores. Trabajó en una estación de servicio y por poco tiempo condujo un camión de helados. Vivía cerca de demasiados bares.
Más tarde, a los 19, aunó esfuerzos. Se mudó a Manhattan, a un destartalado apartamento en la Avenida A. Empezó a tomar clases de actuación. Se unió al Departamento de Bomberos de Nueva York, donde terminó trabajando durante cuatro años en la estación Engine 55 ubicada en Little Italy. Y empezó a actuar en pequeños clubs de moda de la East Village.
"En realidad me llevó un par de años de vivir en ese barrio darme cuenta de todo lo que estaba sucediendo ahí", dice. "Y cuando lo hice, fue un poco intimidante al principio. Nunca había estado expuesto a esa clase de arte, teatro y música, y todo parecía estar a la vanguardia. Tuve suerte de estar ahí en ese entonces, estoy agradecido de haber podido formar parte de eso".
Primero captó la atención como un paciente con sida en la indie de 1986 Parting Glances, y empezó a conseguir buenos papeles en films de autor como Mystery Train de Jim Jarmusch y King of New York de Abel Ferrara. Luego, en 1990, consiguió un pequeño rol en su primera película de los hermanos Coen, Miller's Crossing.
Han trabajado juntos en cuatro cintas más desde entonces, con los Coen matando sus personajes con perverso placer; la última vez que lo vemos en Fargo, está siendo metido en una trituradora de madera.
"Sus guiones están tan bien escritos", dice Buscemi. "Los lees y el personaje está todo ahí, en las páginas, así que en realidad no tienes que hablar mucho sobre él. Pero después, como en cualquier película, empieza la colaboración y te metes en el aspecto físico del personaje, en el vestuario; eso realmente te informa de cosas. Eso también fue así en esta película".
En The Incredible Burt Wonderstone, Buscemi interpreta a Anton, el sufrido compañero de Burt, y experto en peinados estilizados y vivos trajes de mago. Le dio a Buscemi otra oportunidad de hacer comedia. También le dio otra oportunidad de trabajar con Gandolfini.
"Fue un honor haber sido una pequeña parte de Los Soprano", dice Buscemi. "Jimmy le aporto mucho al personaje; no sé cómo lo hizo. Te termina importando su personaje, y te horrorizan la cosas que hace. Él y David Chase no rehuyeron de mostrar quien era el tipo. Le dieron un vistazo real a ese mundo".
Y cuando ese mundo finalizó en la TV, con la famosa pantalla en negro, Buscemi se sorprendió como cualquier televidente?
"Oh, sí", dice. "Me acuerdo de que lo vi y después no podía dormir porque pensaba mucho en eso. Y luego me impactó en medio de la noche, sí, que manera brillante de terminarlo... Es decir, a veces creo que es mejor no saber todas las respuestas. Qué pasó con el ruso en "Pine Barrens"? Está muerto? Terminó en un manicomio? Pienso que es mejor dejarlo a tu imaginación".
Buscemi trabaja mucho y eclécticamente, no hay muchos actores que puedan contar con Reservoir Dogs y Monsters Inc. en sus curriculums, o pasar fácilmente de películas de acción de gran presupuesto como Con Air a dirigir pequeñas producciones poco convencionales como Lonesome Jim.
Aunque mantiene discreta su vida privada. Vive en Brooklyn con Jo, su esposa desde hace más de 25 años; tienen un hijo y a menudo son vistos paseando por el barrio. Después del 11 de septiembre, se presentó como voluntario en su vieja estación de bomberos; durante días ayudó a examinar los escombros, buscando los cuerpos de ex camaradas.
Su perfil público ha tenido un imprevisto, un empujón en su carrera con Boardwalk Empire, la serie sobre la era de la Prohibición en New Jersey; este año vuelve para su cuarta temporada, con Buscemi otra vez interpretando al corrupto Enoch "Nucky" Thompson.
"No creía que me fuesen a elegir a mí", dice Buscemi sinceramente sobre el trabajo. "Pero Terence Winter y Martin Scorsese, que iba a dirigir el piloto, estaban de mi lado, y creo que ellos dos lograron convencer a HBO. Conseguir el papel principal en la serie, eso es algo increíble para mí. Pero no siento que sea Nucky quien necesariamente conduce la serie; siento que es un conjunto, con un montón de personajes importantes".
Y hay alguno que podemos esperar que se vuelva más importante a lo largo de la próxima temporada?
"Realmente no sé hacia donde va la serie", admite Buscemi. "No hago muchas preguntas, porque las cosas cambian, te apegas a algo o alguien y la historia toma un rumbo diferente. Pero todavía estoy muy interesado en Nucky y quien llegará a su mundo. Me interesa ver cómo va a ser su relación con Margaret, su relación con su hermano. Va a ser interesante ver cómo va a dirigir todo esto".
Y para Buscemi, cuando la serie de TV finalmente termine, y vuelva, quizás, a hacer nuevamente roles secundarios? Sin duda manejará eso sin problemas.
"Me gusta el material que se basa en los personajes", dice. "No importa el tamaño del papel. Como en It's a Wonderful Life, cuando hay una gran demanda de fondos en el banco y todo el mundo va apurado a ahorros y préstamos para sacar su dinero. Y una mujer deja el suyo adentro, todo excepto por unos 17 dólares. Es solo un pequeño papel. Solo tiene, creo, una línea. Pero la manera en que está escrito, la manera en que está interpretado, se hace merecedora de su propia película. Y así de fuertes es cómo todos los personajes deberían ser".
7 de mayo de 2013
Steve Buscemi: Eterno secundario
"Steve Buscemi: eternal character actor", artículo escrito por Michael Ellison para The Guardian, publicado el 29 de junio de 2001 con motivo del estreno de Animal Factory en el Reino Unido.Estás buscando un sarcástico de mala fama? No hay problema. Steve Buscemi, director indie y eterno actor secundario, habla con Michael Ellison.
El hombre, bajo y con dientes de ardilla, que pasa inadvertido sentado al fondo de un bistro francés de Manhattan podría haber sido un bombero experimentado - si solo se hubiese quedado con eso. Todavía está en contacto con amigos del Departamento de Bomberos de Nueva York y volvió para una ceremonia hace un par de semanas atrás en honor a un teniente que participó en un rescate el año pasado. Pero Steve Buscemi hizo su papel con "the bravest" (los más valientes), como se los conoce a los bomberos de Estados Unidos, y continuó. Consiguió otros roles: conductor de un camión de helado, empleado en una estación de servicio, transportador en mudanzas, performer y comediante.
Eso, sin embargo, fue solo en la vida real. En la pantalla, Buscemi se ha vuelto casi un talismán de la industria cinematográfica independiente moderna. Su trabajo zigzaguea entre el debut de Quentin Tarantino, Reservoir Dogs, y un montón de películas de los hermanos Coen - Fargo y El gran Lebowski entre ellas - y ha dejado su marca en un vertiginoso catálogo de películas de Abel Ferrara (King of New York), Tom DiCillo (Living in Oblivion), Robert Rodriguez (Desperado) y Michael Lehmann (Airheads). En total, a los 43 años de edad, ha aparecido en más de 60 películas y participado en por lo menos 10 que todavía no han sido estrenadas. "Dos de ellas solo tienen mi voz", dice, con sus manos alrededor del borde de una taza de té. "Ahora terminé con todo y estoy esperando tomarme el verano libre. He tenido suficiente". Esto sería fácil de entender, si solo pudieses creerle.
Buscemi parece distendido con una camisa azul con el cuello abierto y jeans negros desteñidos, aunque sus llamativos rasgos y fina barba nunca se quedan quietos por mucho tiempo. De hecho, su suegra está seriamente enferma y él está esperando por una llamada con noticias sobre el progreso, y ha tenido un poco de problemas recientemente. Hace solo dos meses fue apuñalado en la cabeza, cuello y brazo en una pelea en un bar de Carolina del Norte mientras trabajaba en Domestic Disturbance, titulada para la ocasión.
"Fue algo que dio miedo. Considerando lo que podría haber sido, salí bien parado". Aparte de eso, no dirá mucho sobre la pelea porque podría ser llamado como testigo si hay un juicio. Otro rol más. "Tuve que ser yo mismo. Hacer de ti mismo es lo más difícil".
Buscemi ha tenido una carrera variada. Ha actuado en películas independientes y blockbusters, y dirigido episodios de Los Soprano, Oz y Homicide para la televisión y anuncios para Nike. "Lo hago por la oportunidad, sabes?". Luego está su propio trabajo como escritor y director. Interpretó el personaje clave en Trees Lounge, su debut como director de 1996, y un pequeño papel en su segunda, el drama carcelario Animal Factory de US$3,6 millones, basado en la novela del ex criminal Ed Bunker, también conocido como Mr. Blue de Reservoir Dogs.
Dice que hubiese estado más que contento permaneciendo totalmente fuera de la pantalla en Animal Factory pero le dijeron que eso podría hacer más difícil conseguir ventas en el exterior. Su presencia en la pantalla, sin embargo, no ha ayudado a que la película consiga distribución en los cines de Gran Bretaña, donde ha sido dejada de lado tras una disputa entre el distribuidor y sus sponsors.
La película tiene dos actuaciones notables, una del rapado Willem Dafoe como el líder de una pandilla de la prisión que ha aprendido todo lo que se necesita saber sobre las políticas de vivir en una sociedad cerrada. Dafoe toma como aprendiz a un traficante de poca monta, interpretado por Edward Furlong, quien descubre la paradoja de que las habilidades que te protegen dentro también te impiden salir, al menos legítimamente.
La otra fascinante actuación es del ahora poco visto Mickey Rourke, irreconocible como un lacerante travesti. "Me puso muy contento poder tenerlo en la película", dice Buscemi, descansando el mentón sobre su puño derecho, con un dedo hacia el lado de su mejilla. "Estuvo totalmente comprometido con el personaje. Solo lo tuve por un día y medio y desearía haberlo tenido más tiempo. Por supuesto, las historias que circulan acerca de él dicen que puede ser problemático e impredecible, pero lo único que puedo decir es que estuvo increíble y sumamente profesional. Es realmente un gran actor".
Por todos sus atributos, le preocupó que su segunda película como director pudiera ser categorizada como cine mainstream? "Parecería que Animal Factory entra en el género 'drama carcelario de acción'", admite. "Pero pienso que es por eso que fue un desafío, que no encajara claramente dentro de la categoría. La parte principal se trata de la relación entre Earl [Dafoe] y Ron [Furlong]. Earl tiene sentimientos reales hacia el joven convicto, reprime sus deseos más básicos y elige un plano más elevado, eso fue lo que me interesó. Veo a Earl como un personaje muy noble".
Cinco años separaron a la primera película de Buscemi, Trees Lounge, de Animal Factory. "Es una cuestión de ordenarse, tener otros trabajos como actor y no meterme en cosas en las que no estoy totalmente interesado. Realmente no estoy interesado en dirigir solo por dirigir". Actualmente Buscemi está tratando de conseguir dinero para hacer una película sobre la novela Queer de William S. Burroughs, donde se quedaría con el papel principal.
Este material está lejos de la repugnancia juvenil de Big Daddy, protagonizada por su colega Adam Sandler, y también está lejos de películas grandes como Armageddon o Con Air. Al igual que John Cassavetes, con quien es a menudo comparado, Buscemi acepta papeles en películas comerciales de Hollywood para financiar sus propios trabajos y comprar la libertad artística. Pero mientras Cassavetes actuaba en películas como The Dirty Dozen y Rosemary's Baby solo para llevar a cabo sus proyectos, Buscemi estaba interesado de verdad en actuar junto a actores como Nicolas Cage, John Cusack y John Malkovich en Con Air. "Puede que haya salido de mi", dice sobre la etiqueta Cassavetes. "Puede que yo lo haya mencionado primero, de otra manera no sé si alguien lo hubiese dicho. Es desde luego una comparación halagadora y yo he hablando mucho sobre él como una inspiración".
Tampoco le molesta no conseguir los papeles grandes. El termino "actor de carácter" (character actor) podría haber sido acuñado con Buscemi en mente. "No, no tengo ningún problema con eso. No me importa en absoluto. Pienso que todos los buenos papeles son de carácter. No creo que ser un actor de carácter signifique necesariamente ser un actor secundario. Hemos tenido muy buenos actores de carácter protagonistas. Tu sabes, Dustin Hoffman. Al Pacino. Por supuesto Robert De Niro.
"El tamaño del rol no me importa siempre y cuando sea interesante. A veces me frustra, tu sabes, la naturaleza del papel, y supongo que más en el cine comercial, si me piden que interprete cierto personaje que siento que ya he hecho antes. Cada vez que me ofrecen interpretar un tipo vil y sarcástico, lo siento como un territorio familiar".
Como cuales? "En películas como - y no las estoy desprestigiando - Escape from L.A. Ese fue un personaje que sentí que ya había interpretado". Entonces por qué hacerlo otra vez? "Fue después de Trees Lounge y necesitaba un trabajo comercial como actor para hacer algo de dinero. Realmente quería trabajar con John Carpenter y era fan de Escape from New York. Había gente interesante involucrada, como Kurt Russell y Pam Grier".
Things to Do in Denver When You're Dead tampoco pareció particularmente cargada de originalidad cuando fue estrenada en 1995. "[El escritor] Scott Rosenberg tiene su propio estilo y creo que ha estado escribiendo de esa forma desde siempre - es que Quentin [Tarantino] llegó primero". El actor se permite una prolongada risa.
Harrison Ford, por ejemplo, ha actuado en películas desde siempre, pero ha aparecido en apenas la mitad de la cantidad de las que ha hecho Buscemi. Ford, sin embargo, pasó mucho más tiempo en pantalla. "Si consideras que muchos de mis trabajos son en películas que solo toman un par de semanas, y muchos de mis papeles solo toman un par de días, no es que dedique cuatro meses a cada una. Hay un montón de películas en las que literalmente he trabajado un día, o dos, o tres. En una película comercial hay gran compromiso pero no creo que podría hacer solo esa clase de películas. Filmar es filmar y las cosas que pasan día a día en el set son las mismas. Quizás haya más estrés en una película de bajo presupuesto porque hay poco tiempo o porque la comida no es tan elaborada, pero el mecanismo es el mismo".
Buscemi, quien nació en Brooklyn y está de vuelta viviendo ahí con su esposa y su hijo de 10 años de edad, después de estar asociado por mucho tiempo al Lower East Side de Manhattan, no se esconde en la ciudad. Es otro de sus papeles habituales: el tipo común a menudo visto en bares y pequeños eventos teatrales. Pero para alguien que participó en muchos de los hitos del cine independiente de los años 1990, como Reservoir Dogs y Fargo, no es particularmente optimista sobre el futuro.
"Me acuerdo que parecía haber más oportunidades de invertir en películas del estilo no convencional, y esas películas eran proyectadas, en Nueva York y en otros lugares. Parece que hay mucho más cautela y se depende más del reparto". El éxito comercial, dice, reduce la gama de posibilidades al igual que sucede en el sistema de Hollywood: una película es producida con una suma relativamente baja, hace mucho dinero, entonces los patrocinadores quieren más de lo mismo. "Actualmente el concepto de película independiente tiene apegado un aire semi-comercial". Solo otra herramienta de marketing.
Algunos, sin embargo, resisten. Él menciona a Jim Jarmusch (Ghost Dog), DiCillo y Alexandre Rockwell (In the Soup, en donde Buscemi interpretó a un cineasta en apuros). "No es que no tengan respeto por el público, es que no persiguen la idea general de lo que hace comercial a una película. Sabes, sus películas son más personales, realizadas menos por los ejecutivos y más por la verdadera colaboración con los actores y los técnicos".
5 de febrero de 2013
Steve Buscemi: Un buen "perdedor"
"A good loser", artículo escrito por Simon Hattenstone para The Guardian, publicado el 27 de octubre de 2007 con motivo del estreno de Interview.
Las sencillas interpretaciones de psicópatas, raros y excéntricos han transformado a Steve Buscemi en uno de los mejores actores de Hollywood. Qué dice eso de él? Simon Hattenstone lo averigua.
Steve Buscemi tenía cuatro años de edad y estaba de compras con su madre cuando lo agarraron desprevenido. Ella lo llevó a la casa, justo al otro lado de la calle, y le dijo que la esperara mientras terminaba de comprar. Pero él, totalmente solo, se asustó. Lo recuerda como si fuera ayer. "Salí de la casa y me quedé parado llamándola, pero no me escuchaba, y entré en pánico y crucé la calle corriendo. Me acuerdo que había unas chicas en la esquina y que una de ella dijo: 'Cuidado con el autobús'. Debo haber mirado hacia el lado equivocado".
Decir que el joven Buscemi era propenso a los accidentes sería quedarse corto. Pero se opone a la idea de que tuvo mala suerte. Él dice lo contrario: tuvo suerte de terminar con el cráneo fracturado cuando fue golpeado por el autobús. De hecho, como se desarrollarían las cosas, el accidente podría ser la cosa más afortunada que le pasó en su vida, ayudando a pavimentar su camino hacia su carrera como actor.
Un par de años más tarde estaba jugando a la pelota en el patio de la escuela cuando la pelota rodó hacia la calle. Él corrió tras ella. Paf! Esta vez tuvo suerte de terminar con cortes y moretones cuando el automóvil lo golpeó. Seguro, nació un viernes 13, pero no es de los supersticiosos. Hace cinco años trató de separar una pelea en un bar entre su amigo, el actor Vince Vaughn, y un extraño. Para su dolor, fue apuñalado en el cuello, cara y brazo. Quizás esa fue la vez que corrió con mayor suerte.
Normalmente sus personajes no salen tan bien parados, a menudo acabando de forma desastrosa. Como el asesino a sueldo Carl en Fargo, que es descrito por una mujer que durmió con él como un "tipo raro, incluso más que la mayoría", antes de recibir un hachazo y ser metido dentro de una picadora de madera. En Ghost World, su "más joven de lo estrictamente apropiado" amiga, interpretada por Thora Birch, dice que es un "nerd tan despistado que casi es cool": esta vez termina medio estrangulado en el hospital. En El gran Lebowski, cada vez que trata de hablar, le dicen "Donny, callate la maldita boca". Es tan endeble que se muere de un ataque al corazón cuando lo amenazan violentamente, tan fracasado que sus cenizas son guardadas en un envase de hojalata Folgers porque la urna más barata es demasiado cara.
Incluso cuando consigue interpretar gangsters supuestamente cool, termina decepcionado. En Reservoir Dogs, los mafiosillos reciben colores como pseudónimos y él termina humillado como el Sr. Rosa ("Por qué soy el Sr. Rosa?". "Porque eres un maricón"). Sus personajes murmuran y trastabillan, se quejan y chillan, pero generalmente son filósofos elocuentes de la vida de bajo nivel social o moral.
En su nueva película, Interview, atípicamente interpreta a un profesional de alto rendimiento. Pero no temas, está en plena decadencia. Como el serio corresponsal Pierre Peders, reducido a hacer publirreportajes a estrellas de telenovelas, lleva el auto-desprecio a un nivel más abajo. Lo más notable de sus personajes es que en contra de todos los pronósticos terminan gustando. A pesar de ser viles, pervertidos, paranoicos, infantiles y psicóticos, siempre dejan salir humor y humanidad.
Buscemi creció en East New York en una familia italo-americana. Su padre, John, esperaba ser camarógrafo de televisión, pero terminó recogiendo basura para el departamento de sanidad. Su madre, Dorothy, trabajaba como camarera en los hoteles Howard Johnson. Los Buscemi vivían en un pequeño apartamento pegado a la casa de su abuela, ocupada por sus cinco hijos y sus familias. Sus padres dormían en una cama desplegable en la sala de estar mientras que Steve y sus tres hermanos compartían el único dormitorio. Su abuela tenía un poco de dinero cuando llego de Italia y lo invirtió en la casa. Pero cuando fue ocupada por las cinco familias quedó abarrotada.
Fue a una escuela católica, y cuando escuchaba a sus padres discutiendo, lo cual se daba a menudo, él solía rezar por su salvación. "Cuando los escuchaba maldecir me persignaba y pensaba que les estaba salvando el alma". Era un chico ansioso, se preocupaba de que si discutían cuando él no estaba, no podría salvarlos. Al momento de llegar a la secundaria había perdido la fe en Dios. "Es terrible lo que le hacen a los niños, haciéndoles creer todas esas cosas horribles".
A su padre le gusta decir que él y su hermano le dieron inspiración a los psicópatas de Buscemi. "Él asegura que hay un temperamento Buscemi que es único de los Buscemi. Yo no me lo creo. Su hermano sí tenía temperamento. Mi padre tenía temperamento. Yo tengo temperamento. La mayoría de la gente que conozco tiene temperamento. Y pienso que es algo que generalmente sale dentro de la familia. No creo que sea único de los Buscemi, pero es algo que he podido aprovechar cuando interpreto ciertos personajes. Eso es lo divertido de ser actor: puedes exteriorizar todas esas fantasías violentas". Recuerda que fue de vacaciones a Sicilia y escuchó sobre dos hermanos en su familia que habían tenido una pelea, la cual terminó con uno de ellos matando al otro. Nunca descubrió si eso fue verdad.
La noche antes de nuestra entrevista, asiste al estreno de Interview en el West End de Londres y explica al público el génesis de la película. Aunque Buscemi dirige y protagoniza la película junto a Sienna Miller, en realidad no es su película. Interview fue originalmente hecha por el controversial director holandés Theo van Gogh, quien fuese asesinado por un fanático religioso después de que su cortometraje, Submission: Part I, una crítica a la violencia en contra de las mujeres en el Islam, representara a las mujeres maltratadas con textos del Corán en sus cuerpos. Antes de ser asesinado, Van Gogh quería hacer tres ramakes de sus películas, incluyendo Interview, en América. Después de su muerte, sus productores, Bruce Weiss y Gijs van de Westelaken, decidieron hacer realidad su sueño - es cuando Buscemi subió a bordo. Interview es un remake con el equipo de Van Gogh, utilizando los mismas técnicas neorrealistas. La película de Van Gogh es más intensa y provocadora (en ella la actriz holandesa Katja Schuurman se interpreta a sí misma); la de Buscemi es más ligera y quizás mejor adaptada al mercado estadounidense.
Presenta al equipo holandés y al co-guionista David Schechter, y rápidamente se vuelve aparente que se siente más cómodo como parte de un conjunto en vez de ser el centro de atención. En la película, el periodista no se prepara para la entrevista con la actriz porque siente que sería rebajarse y continúa engañándola. Buscemi insiste en que la película es más sobre la relación que se desarrolla entre el periodista y la actriz (dos mentirosos compulsivos que se enorgullecen por buscar la verdad en su trabajo) que un discurso sobre la hipocresía de los medios.
Como era de esperarse, los miembros de la audiencia quieren conocer su opinión sobre las entrevistas a celebridades. Entra en modo balbuceo clásico, dice que no piensa mucho en eso, luego concede, sí, en realidad no le importa mucho, finalmente admite "Me vuelvo un zombie y empiezo a ser hostil", y por Dios, tiene una mañana por la mañana.
La mañana siguiente llego para mi entrevista con Buscemi. Le están sacando fotografías y yo trato de charlar sobre cine. Le digo que vi Interview la noche anterior y que es obvio que es un gran fan del innovador actor-director John Cassavetes. "Seguro", sonríe. Es una típica repuesta Buscemi. No es descortés, pero tampoco gasta palabras. Parece más feliz cuando habla sobre su hijo de 16 años, Lucian, quien toca en una banda punk. Años atrás solían luchar en el sofá, pero ahora Lucian es demasiado grande para él.
En persona, Buscemi se parece mucho a como es en las películas - una mezcla entre Bela Lugosi y Stan Laurel. Tiene la desconcertada expresión de un personaje de dibujos animados que acaba de ser aplastado. Su cara es excepcional - las bolsas bajo sus ojos tienen sus propias bolsas, sus cuencas su propio tono de rojo y sus dientes están apilados como latas en los estantes de un supermercado. Es flaco y, vestido todo de negro, se parece a un cordón animado. Un cordón extrañamente atractivo. Steve Buscemi no es material para actor principal. Pero, de vez en cuando, es protagonista, y es casi el mejor interprete de secundarios o cameos en la industria.
De niño, solía mirar mucha televisión, especialmente películas, y sintonizó su corazón con la actuación. Amaba su extensa familia situada en Nueva York, pero soñaba con Hollywood. Después de todo, el amigo cercano de su padre, Peter Miller, había logrado con éxito la misma transición, e incluso había actuado en la primera película de Robert Altman, The Delinquents. Ocasionalmente, el tío Peter volvía a Nueva York y Buscemi lo interrogaba acerca del negocio. "Así que subconscientemente era posible. Ahí estaba alguien de mi procedencia y mi barrio que se había vuelto actor. Pero no tenía conexiones para ayudarme". De hecho, el tío Peter terminó como banquero inversionista.
En la escuela se juntaba con los chicos duros y los hacia reír con sus payasadas. Era fuerte, pero no duro. Buscemi hacía lucha libre en la escuela y era mucho más exitoso luchando en equipo - saber que el equipo confiaba en él para ganar lo estimulaba. Tenía éxito con las chicas? "No. Nunca tuve novia". Se detiene y explica. "Tuve una novia durante dos semanas en noveno grado a los 13 años, y luego en la secundaria tuve otra durante otras dos semanas. Y eso fue todo". La primera vez que tuvo una novia de verdad, dice, fue en 1978 a los 21 años de edad.
Su padre deseaba que los chicos Buscemi tuviesen un futuro estable, así que les insistió para que tomaran el examen de empleo público cuando cumplieron 18. Steve pasó el suyo para el departamento de bomberos. "Él quería que tuviese un buen trabajo, seguro. Me dijo que si me hacía bombero me podría jubilar con la mitad del sueldo después de 20 años, y luego podría ser actor".
Pero Buscemi estaba decidido a ir a Hollywood. John Buscemi no quería que su hijo fuese actor, pero incluso menos quería que dejara la casa. Así que cedió. Le dijo a Steve que podía ir a estudiar actuación en Nueva York - y ahí es cuando el accidente del autobús resultó útil. A los 18, le correspondía recibir US$6.000 del estado de Nueva York como compensación por ser atropellado, y su padre le sugirió que lo usara para ir a la escuela de actuación. "Con el dinero pagué el Lee Strasberg Institute y además compré un automóvil usado, y me mantuvo a flote por un tiempo". También se mantuvo trabajando como empleado de una estación de servicio, haciéndo mudanzas y vendiendo helados. Le gustaba vender helados, y a los niños les caía bien.
Al principio, Buscemi concontró al Lee Strasberg Institute "intimidante" (una palabra que usa a manudo) - por la clase de gente más privilegiada que asistía, y también por la insistencia dogmática de "el método". Se distendía cuando era instruido por el hijo de Lee, John, quien le dijo que cualquier técnica estaba bien siempre y cuando lograra los resultados requeridos. "Tenían esa cosa de que si estabas en un desierto e imaginabas al sol pegándote encima, no podías usar las luces del escenario para imaginarlo. Pero John dijo que si las luces del escenario te servían, estaba bien. El público no sabe y no le importa".
Por las noches, probaba su suerte como cómico stand-up. "En su mayor parte era humor auto-despectivo y observacional. No muy original. Por eso fue que al final dejé de hacerlo. No pude encontrar un estilo".
Todo el tiempo, su padre esperaba que cumpliera y ocupara su lugar en el departamento de bomberos - lo que sucedería en 1980. Buscemi pasó cuatro años trabajando como bombero. "Lo que realmente me encantaba era la camaradería; cuan cerca llegabas a estar de la gente con la que trabajabas". Porque corrían riesgos? "Sí, eso mismo. Y además pasábamos un montón de tiempo en la estación. La mayoría del tiempo estás esperando. Había muchos días en los que no pasaba nada". Eran días buenos? "Ehh, la mayoría de los bomberos preferiría ir a un incendio aunque ninguno de ellos le desee el mal a nadie. Pero quieres la experiencia, es por eso que algunos bomberos intentan que se los asigne en las áreas más ocupadas de Nueva York donde verán más incendios. Yo trabajaba en Little Italy, así que no estábamos tranquilos pero tampoco ocupados, era moderado, y eso era suficiente para mí". A veces, dice que ha experimentado un compañerismo similar como actor, particularmente en una primera noche en el teatro.
Mientras de día trabajaba para el departamento de incendios, de noche actuaba con grupos de teatro experimental como el Wooster Group. También se juntó con Mark Boone Jr. para formar el dúo de actuación surreal, Steve and Mark; después de una obra llamada "Yap Thaw", en la cual mutaban de perros a hombres, el New York Times los describió como "Una variante intelectual de la East Village de los clásicos equipos masculinos de comedia... Un satisfactorio toque cómico beckettiano". Fue en esta época en donde conoció a su futura esposa, Jo Andres, tres años mayor y ya establecida como artista avant-garde y coreógrafa.
En 1984 abandonó el departamento de bomberos para concentrarse en la actuación. Aunque tenía 29 años de edad cuando hizo su película debut, ahora extraordinariamente tiene más de 100 películas con su nombre. Igual de extraordinario es que raramente hace una mala elección. Buscemi ha trabajado con virtualmente todos los grandes directores independientes estadounidenses contemporáneos (Martin Scorsese, los Coen, Jim Jarmusch, Quentin Tarantino, para empezar), y nos ha dado algunos de los personajes más memorables de los últimos 20 años. Cuando hace éxitos de taquilla, como Armageddon o Con Air, también acostumbra dar en el blanco. Actualmente trabaja en grandes producciones para subvencionar proyectos más pequeños que dirige él mismo.
Trees Lounge, la primera película que dirigió, fue un gran éxito de culto. Es una agradable y sencilla película sobre un errante, Tommy, que vende helados y se involucra con una chica muy joven para él. Otra vez, dice que dirigir la pareció "intimidante" pero que ha aprendido a disfrutarlo. Su carrera como director ha tenido un éxito variado - Animal Factory, ambientada en una prisión y escrita por el actor de Reservoir Dogs y convicto Eddie Bunker, fue estrenada solo en algunos cines de Gran Bretaña. Lonesome Jim, una comedia sobre un frustrado de 30 años que vuelve a la casa de sus padres, no llegó a ser estrenada en Gran Bretaña. Quizás su trabajo más conocido como director ha sido la serie de televisión, Los Soprano, en donde también actuó.
Sin embargo por más prominente que se haya vuelto, nunca quitó totalmente el cuerpo de bomberos de su cabeza. Y el día después del 11 de septiembre algo extraño sucedió. Buscemi se encontró poniéndose su viejo equipo y dirigiéndose al derrumbado World Trade Center. No sabía muy bien que iba a hacer, solo sentía que era lo correcto. "El primer día fui por mi cuenta y caminé hasta acercarme más y más al lugar y me encontré con los chicos con los que trabajaba. No podías pasar hacia la pila de escombros sin un permiso especial. Cualquier compañía que hubiese perdido hombres tenía acceso a esa zona. Justo estaban tomándose un descanso fuera del lugar cuando los encontré. No podías diferenciar nada. Fue una experiencia rarísima, surreal. Les dije que me gustaría trabajar con ellos y me preguntaron si tenía guantes. 'Sí', dije. Pero esa mañana no tenía guantes - tuve que ir a comprarlos".
Buscemi pasó cinco días con sus viejos colegas, limpiando los escombros, trabajando en las líneas de cubos. Tuvo un enorme impacto en él, ayudándolo tras la tragedia del 11/9 pero también obligándolo a cuestionar sus motivos y recapacitar. "Fue extraño porque me sentí totalmente seguro allá, y me sentí bien. Todo lo que hacía era cavar y poner escombros en baldes y pasarlos, se ponía realmente raro cuando pasaban una bolsa para cadáveres o cuando había que llevar una bolsa a la morgue temporal. Estuve agradecido por la oportunidad de conectarme de nuevo con esos chicos con los que solía trabajar".
Disfrutó ese espíritu de solidaridad, aunque sintió que no debería haber disfrutado nada. "Al quinto día se volvió obvio que yo estaba más sin hacer nada que ayudando, así que no quería estar entre medio - lo último que quería ser era alguien sin hacer demasiado. Entonces dejé de ir. Fue ahí cuando experimenté la profunda depresión de lo que había sucedido, el horror, el miedo y la ansiedad. Mientras estuve ahí con los chicos, me sentí bien".
Entonces fue una manera de sobrellevarlo? "Absolutamente. Fui a ayudar y ellos me terminaron ayudando a mí. Estar con mi antigua compañía, estar allá con todos, eso... revitalizó mi vida". Le molesta la ironía de la frase. Consideró volver al cuerpo de bomberos? "Era muy tarde para eso", dice lacónicamente - en diciembre cumplirá 50. Consideró volver a algún trabajo 'real'? "Sí. Pero no sé que haría. Supongo que esa es parte de la razón por la cual quiero dirigir más. Usas más el cerebro y hay más responsabilidad".
Más tarde, siendo entrevistado en el escenario del National Film Theatre, a Buscemi le preguntan cómo ha evitado ser encasillado. No lo ha hecho, dice, con típica franqueza. Le cuenta a la audiencia sobre su primer papel en una película poco conocida llamada Parting Glances, interpretando a un hombre con sida, y dice que todavía es una de las películas de las cuales está más orgulloso. "El personaje era listo, gracioso, áspero, y después de esa película esperaba interpretar más roles como ese. Para mí fue una gran sorpresa ser elegido para interpretar psicópatas y criminales". Ahora, dice, medio en broma, que si va a hacer un papel opuesto a los que suele interpretar, tiene que hacer la película él mismo.
Quizás no sorprende que te elijan tan a menudo para interpretar psicópatas y perdedores, digo yo, cuando los interpretas tan magníficamente. Por primera vez, siento un toque de hostilidad. A medida que habla, muta en el hombre que hemos visto en la pantalla - quejoso, discutidor e inesperadamente duro. "No veo a ninguna de esas personas como perdedores. Me niego a llamarlos perdedores. No veo por qué las personas tienen que ser definidas como ganadoras o perdedoras. Para mí, son personas que tienen problemas y luchan. Están tratando de vivir sus vidas y muchos de estos tipos son buenas personas, lo que realmente aprecio". Hace sonar sus dedos.
Todavía estoy tratando de decirle por qué me encanta su actuación. Me encuentro parloteando sobre conciencia de clase y las raíces de Buscemi en el mundo de la clase obrera. "Eres tan bueno interpretándolos debido a tus propias experiencias?", pregunto tímidamente.
"Bueno interpretándolos?", pregunta con desdén. "Todavía los llamas perdedores?".
"Sí, supongo que sí", digo.
"Pero por qué? No entiendo por qué los ves como perdedores". Bueno, no son ganadores, o sí? "Sí, pero también es gente que no está interesada en estar en la carrera. No están compitiendo, no están ganando o perdiendo. Están viviendo, sobreviviendo".
Esto es lo que hace a Steve Buscemi tan gran actor. Nosotros podemos considerar sus personajes como raros, locos y perdedores, pero él no. Él siempre empatiza con ellos. Por supuesto que sí. Después de todo, solo es un tipo normal tratando de salir adelante, interpretando tipos normales tratando de salir adelante.
8 de enero de 2013
"The Thin Man": Steve Buscemi según John Lahr
"The Thin Man", artículo escrito por el crítico John Lahr (hijo del actor Bert Lahr), fue publicado en The New Yorker el 14 de noviembre de 2005.
Cómo Steve Buscemi se volvió un ícono indie.
Steve Buscemi no resalta a la vista. No es la clase de tipo que resalte. En un día nublado de junio, mientras lo esperaba en la esquina designada de Union Square, llamé a su asistente. "Se le hizo tarde", dije. "Donde está?". Resultó que Buscemi estaba parado a diez metros de mí. Flaco y encorvado, usando una camisa de trabajo gris, pantalones de tela negros y una chaqueta de jean gastada, con un gorro de baseball inclinado firmemente hacia la frente, era virtualmente invisible entre la multitud.
1,75 metros y cuarenta y siete años de edad, Buscemi podría ser casi cualquier persona. Dale algunos tatuajes y una melena desgreñada, y es el heavy-metal memo armado con una pistola de agua en "Airheads" (1994); ponle un vestido de lentejuelas azul, una peluca roja estilo pageboy y tacos altos, y es el travesti taxi-dancer cansado de la vida en "Somebody to Love" (1994); peinalo hacia atrás y dale un par de mocasines marrones, como los que usó interpretando a Tony Blundetto en "Los Soprano", y tiene el look retro-lounge cadavérico del director John Waters (de hecho, el parecido es tan sorprendente que un año Waters usó la imagen de Buscemi en sus tarjetas de navidad).
Nada en la presencia física de Buscemi sugiere los poéticos lineamientos del glamour masculino en el cine. Es pálido, casi tan pálido como si hubiese sido criado en un sótano para hongos. Con cierta luz, puede parecer cadavérico. Sus ojos son grandes y abultados, con un toque de melancolía. Cuando sonríe, su boca expone un barrio de irregulares dientes. Y aún así esa mundanidad poco atractiva es lo que hace a Buscemi cautivador como actor. Le da un inconfundible sello de autenticidad, y ayuda a explicar su surgimiento como ícono del cine independiente durante las últimas dos décadas (el mismo Buscemi entiende el valor de su marchita apariencia. Cuando su dentista le sugirió arreglar sus dientes, él le contestó: "Vas a acabar con mi fuente de sustento si haces eso"). "Steve es el hombre de a pie", dice el director Jim Jarmusch, quien contó con Buscemi en su película "Mystery Train" de 1989. "En los personajes que interpreta y en su propia vida, representa a ese lado de todos nosotros que no está en la cima del mundo".
Cuando Buscemi y yo finalmente nos encontramos en Union Square, hice hincapié en el asunto del almuerzo. Hay más de veinte restaurantes en Union Square, muchos de ellos excelentes. Buscemi lo pensó por un momento, entonces eligió la cafetería frente a nosotros ("mala comida y peor servicio", dice una reseña). "Apetito" no es una palabra que venga a la mente en relación a Buscemi. Su huesitud lleva consigo un toque de negatividad, una especie de rechazo del mundo (en el curso de nuestro almuerzo de dos horas, no logró terminar un sandwich de queso). Asimismo, aunque Buscemi tiene una de las caras más famosas del cine moderno, no está abrumado por la arrogancia de una estrella. Habla, pero también escucha; no se está mirando a él mismo y no se carga con la expectativa de ser visto. Como resultado, a menudo eso no sucede. Se sentó en una mesa en una concurrida cafetería durante casi una hora antes de que alguien lo reconociera ("Estuviste genial en "Desperado", una de mis películas favoritas de todos los tiempos". "Gracias", dijo Buscemi. "Te lo agradezco").
En la pantalla y fuera de ella, Buscemi nunca es ostentoso. Aún con su simplicidad y reserva -un minimalismo tanto emocional como físico- fabrica una sinceridad que siempre sorprende. En el almuerzo, mientras con indecisión contaba la historia de su crianza de clase trabajadora (su padre era empleado del departamento de basura, su madre camarera en la cadena de hoteles y restaurantes Howard Johnson's), inesperadamente comentó sobre su inhibición e inquietud. Habábamos sobre terror que sintió a los 19, cuando pensó por primera vez en mudarse de Long Island a Manhattan para intentar ser actor. Lo que lo retuvo, dijo, fue "esa sensación de que no mereces ser escuchado, de que no tienes nada que decir o un punto de vista interesante, porque no has sido educado debidamente. Estaba muy intimidado, básicamente me sentía culturalmente inferior".
Cuando Buscemi actúa, su delgadez y su postura encorvada -que parece producto de esa verguenza original- solo eleva su rara presencia, la cual es un tópico de conversación en muchas de sus 78 películas que ha hecho desde su primer papel importante, en "Parting Glances", en 1986. En "Fargo" (1996) de Joel e Ethan Coen, los otros personajes ridiculizan repetidamente a Carl Showalter, su personaje, un secuestrador que se vuelve asesino. Cuando el personaje de Frances McDormand, una sencilla policía, le pide a una prostituta una detallada descripción de Showalter, con quien durmió recientemente, todo lo que la chica puede decir es "El tipo era medio raro... No estaba circuncidado... Medio raro aún más que la mayoría de la gente".
La imagen de Buscemi es sencilla, opaca, desorientada, irónica. "Pareces un poco drogado. Qué estás tomando?", alguien le dice a su personaje en "Ghost World" (2001) de Terry Zwigoff. Está en el hospital después de haber sido traicionado, humillado y tirado al suelo en una tienda de comestibles. "Drogado de la vida", contesta. "Steve es un visitante del mundo", dijo el director Alexandre Rockwell, quien ha trabajado con Buscemi en cinco películas. "Su cuerpo, su cara, todo a su alrededor a su alrededor da vueltas, pero tú siempre sientes en Steve una quietud, casi una calma". Esta quietud interpreta de varias maneras ansiedad, desconexión y amenaza. A veces, un único personaje desenvaina las tres en una especie de triple tensión, como el silencioso asesino a sueldo Mr. Shhh, en "Things to Do in Denver When You're Dead" (1995). El aspecto de Buscemi es cansado; su sentido del humor es melancólico. Puede interpretar al fracaso de manera cómica -in "The Impostors" (1998) fue Happy Franks, un cantante de cabaret suicida sollozando a través de "The Nearness of You"- o puede interpretarlo de verdad.
En su largometraje debut como director y guionista, "Trees Lounge" (1996), Buscemi interpreta a Tommy, una versión ficcionalizada de él mismo. Tommy, dijo Buscemi, "anda sin rumbo" ("Una historia sobre la búsqueda de un hombre... de quien sabe qué", fue la tagline promocional de la película). "Cualquier pasión verdadera que tenga -cualquier cosa artística- está enterrada tan hondo que nunca se permitiría sacarla hacia afuera". La película fue filmada en las tediosas calles suburbanas de Valley Stream, Long Island, donde Buscemi vivió de adolescente (tomó el nombre de uno de los bares en los que se centraba su existencia después de terminar la secundaria). En un momento de la película, Tommy, después de un coqueteo con la hija de 17 años de su amigo, es perseguido alrededor de una cancha de softball por el furioso padre blandiendo un bate de baseball. Se trepa a la valla trasera. Por un momento, aterrorizado, exhausto, colgando de las puntas de sus dedos, se extiende contra la valla como un mono en una jaula: una metáfora visual perfecta para la animación suspendida de la desafortunada y no correspondida juventud de Buscemi ("Recuerdo que una chica que estaba besando en una fiesta vomitó en mis zapatos", dijo Buscemi sobre sus años adolescentes).
Para un actor, el desafío es hacer lo ordinario parecer interesante. Buscemi es un experto haciendo ese truco. "Tengo cierta intuición sobre que es el personaje, o cómo habla, o cómo dice sus líneas", explicó. "Siento que mis impulsos son todo lo que tengo". En la penúltima escena de "Trees Lounge", después de ser estrangulado por su furioso amigo, Tommy termina en el hospital, donde su ex-novia acaba de dar a luz un niño que podría o no ser de él. Su cara está manchada por los golpes y sus labios están partidos. Empieza bromeando amigablemente sobre el bebé -"Es un pequeño viejo. Podrían quitarle algunas de las arrugas?"- y llega a una dolorosa revelación de sus propios deseos confusos. "No sé que estoy haciendo", le dice a su ex-novia. "Siento que... no sé lo que siento. No siento nada. Excepto que me siento perdido". Tommy busca salvación. "Mira, no me importa si el bebé no es mío", dice finalmente. El momento es gracioso y desesperante al mismo tiempo. Buscemi lo interpreta completamente con sus ojos, los cuales están suplicantes al principio, y luego, cuando es rechazado, llenos de tristeza. "Te importaría si solo me siento aquí por un momento?", pregunta Tommy. Sentado, Buscemi se permite no hacer más nada que vivir en el apenado desconcierto del personaje, a quien él comprende demasiado bien.
En la actualidad, Buscemi vive con su esposa, la artista Jo Andres, y su hijo de 14 años de edad, Lucian, en un brownstone de tres pisos en Park Slope, Brooklyn. Una soleada mañana del pasado otoño, Buscemi y yo nos subimos a su minivan Volkswagen gris y conducimos ocho kilómetros, hacia East New York, donde pasó sus primeros años. "Estamos yendo a un barrio diferente", dijo, con particular sutileza. Buscemi conduce lento -un punto de discordia en su familia y un tema que se presta para bromas entre sus amigos- pero en solo un par de minutos el paisaje a nuestro alrededor cambió dramáticamente. "Este es uno de los barrios más descuidados", dijo mientras nos metíamos en la Liberty Avenue, donde solía jugar punchball y que ahora estaba cubierto de vidrios y basura. Cuando salimos del automóvil, una pandilla de chicas latinas tatuadas pasaba por ahí. Había rejas de hierro en las casas, ruidosos perros patrullando los reducidos espacios de césped y alambre de púas alrededor de la St. Michael's Church, donde el joven Buscemi, orejón y cortado a la americana, había cantado en el coro y tomado su primera comunión. "Chicos resistentes, mujeres resistentes", dijo Buscemi sobre su viejo territorio. "Hay una dureza que admiro, aunque yo no me siento un tipo duro". Agrego: "Era un chico tímido. No me metía en líos. Vivía con miedo de ser golpeado por chicos más fuertes o de que las monjas me gritaran". La iglesia estaba cerrada; parte del patio donde Buscemi jugaba a las cartas ahora era un estacionamiento. Pero su primera casa se mantenía más o menos como era cuando estaba creciendo. "Es esa", dijo, señalando una modesta construcción marrón claro en la Liberty Avenue.
La casa era de la abuela de Buscemi y había sido ocupada por sus cinco hijos y sus familias. La familia de Buscemi vivía en un apartamento pegado. Sus padres, John y Dorothy, dormían en un sofá desplegable en el living; Steve y sus hermanos -Jon, Michael y Ken- dormían en el único dormitorio, y jugaban con sus primos en el patio trasero cerrado. "No me dejaban cruzar la calle, excepto para ir a la escuela", dijo Buscemi. Aún así, no estaba totalmente protegido. A la edad de cuatro años, fue golpeado por un autobús y se fracturó el cráneo. A los ocho, fue atropellado por un automóvil. Tenía una pesadilla recurrente: "Mis dedos están en un alambrado de metal y un perro al otro lado viene hacia mí. No puedo liberar mis dedos a tiempo, y el perro siempre alcanza mi mano". Sin embargo, fueron las constantes discusiones de sus padres lo que atormentaba su vigilia. "Cuando era niño, "The Honeymooners" para mí era un documental", dice (todavía guarda una fotografía de la serie en la mesada de su cocina). "Ella y yo, solíamos pelear", dijo el padre de Buscemi sobre su esposa y él, explicando que tiene lo que él llama "el temperamento Buscemi". "Cuando Steven interpreta a un psicópata, está sacando de mi hermano y de mí. A veces simplemente colapsas. En ese momento no te importa nada". "Yo era realmente católico", dijo Buscemi. "Un buen chico. Pensaba que 'callate' era una mala palabra. Cuando mis padres maldecían, yo hacía el signo de la cruz, porque pensaba que iban a ir al Infierno. Me preocupaba por sus almas".
De niño, Buscemi siempre fue capaz de mantenerse entretenido. "Solía dibujar mucho, escribir un diario, hacer caricaturas", dijo. "Durante un tiempo, quise ser ventrílocuo. Para mi cumpleaños número seis, me acuerdo que pedí un muñeco de Jerry Mahoney: el mejor regalo de cumpleaños que tuve, sin lugar a dudas". Buscemi llevó el muñeco a la escuela y lo usó "para burlarme de la maestra y salirme con la mía". "Ese fue mi primer contacto con el standup", dijo. La mayoría de sus actuaciones, sin embargo, fueron hechos para su familia: contando chistes e improvisando sketches y trucos de magia. Ambos padres estaban interesados en el negocio del entretenimiento (el padre de John, Giuseppe, había sido camarero-cantante en Coney Island; el padre de Dorothy, Harry Wilson, había sido proyeccionista y, según dicen, manejó los focos de las Dolly Sisters, una famosa función vaudeville). Y el entretenimiento fue la manera en que Buscemi se ganó el respeto de su padre. "Yo lo presionaba", dijo John. "Le decía: 'Hey, Steve, ven aquí'. Para que contara chistes... Lo ponía justo en el medio de la mesa. Tan pronto como lo ponía arriba, todos se reían".
Después de servir en Corea, John había aprovechado la G.I. Bill [pensión en beneficio de los soldados estadounidenses después de la guarra] para estudiar para ser camarógrafo de televisión y técnico en iluminación. En ese entonces la televisión recién comenzaba; las estaciones estaban apareciendo a lo largo del país, y John recibió una oferta de empleo de Virginia, pero Dorothy no quería dejar Brooklyn. Perdió la oportunidad, y luego trastabilló. "Con 31 años, me encontraba sin rumbo en la vida", dice. Lo único que mantuvo de su antigua ambición fue una cámara Super 8, que usó para grabar su vida familiar. Buscemi recuerda aparecer como el malo en una versión casera de "Superman" cuando tenía siete. "Me encantaba actuar frente a la cámara", dice. "Me acuerdo cuando mi padre realizó la película y la proyectó por primera vez. Para mí fue muy emocionante ver eso, tener su aprobación. Recuerdo preguntarle a mi padre -es incómodo de admitir- 'Fui el mejor, verdad?'".
En 1966, cuando Buscemi tenía ocho, la familia se mudó desde East New York a una deteriorada casa de dos pisos que parecía de granja, en Valley Stream. "Valley Stream era como Hollywood", dijo el padre de Buscemi. "Todo era tranquilo. Fue ir a vivir al Cielo". Su hijo no coincidió. Hoy en día, la casa -donde John y Dorothy todavía viven- se siente cuidada y viva; en los años en que Buscemi vivía ahí y compartía el ático con su hermano Jon, los amigos que lo visitaban encontraban el lugar estrecho y agobiante. Buscemi se tiraba en la cama por las noches deseando escapar. "Recuerdo sentir que si no encontraba la manera de ser actor, no sabía cómo sería capaz de vivir", dijo. "Al mismo tiempo, eso parecía totalmente imposible". Hasta que vio "Grease" en Broadway como parte de un paseo de graduación de la secundaria, Buscemi nunca había ido al teatro (tenía alrededor de veinte cuando vio su primera obra seria: una versión del Wooster Group de "The Crucible" de Arthur Miller). Participó en un par de producciones en la secundaria, pero el descubrimiento de su propio talento llegó por su habilidad de entretener a sus amigos. Miembro de los equipos universitarios de fútbol soccer y lucha libre, y de la fraternidad deportiva Alpha Omega Theta, Buscemi era, dicho por él mismo, "un poco sabelotodo, un alborotador". Sus amigos y él le tiraban huevos a la policía auxiliar del barrio, y una vez utilizó su flacura para colarse por la ventana trasera de un bar y sacar cajas de cerveza.
Sin embargo, después de terminar la secundaria, Buscemi perdió el rumbo. "Fue como el fin del mundo", dijo su padre. "Nunca había visto un chico que no quisiese que se terminara la secundaria". La idea de ir a la universidad no era fomentada en la familia Buscemi, pero Steve no esperaba nada más. Cargaba con la atrofiante sensación de "esto es todo, no le espera mucho más a mi vida". John aconsejó a sus muchachos hacer el examen para empleo público, lo que les podría conseguir una vida entera con sueldos fijos. Hicieron lo que les dijo (actualmente Jon trabaja para una compañía de cable y Ken es un trabajador de la Metropolitan Transportation Authority; Michael es actor). Mientras esperaba que saliera su nombre en el listado de empleos públicos, Buscemi echó gasolina en la estación Getty local y condujo un camión de helados. Esta fue la época donde por las noches pasaba seis o siete horas en bares. Con Peter Frampton, Pink Floyd y Led Zeppelin en la jukebox y una cerveza o un Tequila Sunrise en su mano, Buscemi se desconectaba. "Era un sentimiento de inexistencia, de vacío", dijo. Ese vacío también se aplicaba a las mujeres. "No tenía suerte en absoluto, cero", dijo, haciendo un círculo con su estrecho pulgar e índice. "Me llevaba muy bien con las mujeres. Era un buen oyente. Me veían más como un hermano, alguien en quien confiar. Era muy tímido sexualmente. No podía llegar a un punto en donde me sintiese lo suficientemente cómodo, donde la ansiedad y el pánico escénico no fuesen un gran problema".
Dieciocho meses después de terminar la secundaria, Buscemi empezó a hablar sobre comprar una camioneta y conducir a Hollywood. Su padre, queriendo mantenerlo cerca de él, le recordó que la ciudad le debía seis mil dólares, como compensación después del accidente del autobús cuando era niño. "Puedes usar ese dinero antes de cumplir 21, siempre y cuando lo uses para estudiar", dijo John. "Qué quieres decir?", preguntó Buscemi. "Has pensado en ir a una escuela de actuación?", contestó John. Buscemi quedó perplejo. "Steve, no quiero que te transformes en actor", explicó su padre. "Pero por lo menos eso te dará algo de rumbo. Será como terminar la escuela. Te van a pulir". Buscemi no lo dudo por mucho tiempo. En 1977, fue a una entrevista en el Lee Strasberg Theatre and Film Institute.
Buscemi no tenía vocabulario artístico, ni conocimientos de literatura teatral, ni confianza en sí mismo, ni experiencia. El negocio del entretenimiento, como me dijo, era un misterio para él. Tampoco tenía nada que perder. "La alternativa era peor", dijo. "Existir en lugar de vivir". "Él era una de esas personas que cuando entra te preguntas, por qué quiere ser actor?", dijo el profesor de Buscemi, John Strasberg, sobre su estudiante. "Parecía muy adorable. Era extremadamente tranquilo. Durante mucho tiempo, no supe que quería hacer, porque su trabajo era relativamente inexpresivo. Al principio, si tenía algo de talento, no pude notarlo".
Por un año, Buscemi viajó diariamente los 24 kilómetros a Manhattan. Luego, encontró un apartamento en la Avenue A por cien dólares al mes, donde un panel de madera arriba de la bañera servía como mesa para comer. "Pensé: Qué estoy haciendo? Me estoy engañando a mí mismo. Esta ciudad me va a comer vivo", dijo. "Recuerdo a un amigo de Valley Stream diciendo: 'Cómo puedes vivir ahí? Es asqueroso, está lleno de maricones'. Me empecé a sentir muy distanciado de algunos de mis amigos... Y entonces desarrollé una postura: Mira que pasa. Tienes que superar el miedo a pertenecer o no". Finalmente, la floreciente escena artística de East Village se volvió la universidad de Buscemi. "Me sentí muy ignorante durante mucho tiempo", dijo. "Tuve que ponerme al día".
De día, Buscemi hacía mudanzas y tomaba clases de actuación; de noche, probaba suerte con la comedia stand-up, haciendo chistes auto-despectivos sobre su apariencia y su trabajo temporal. En aquellos tiempos, la mayor ambición de Buscemi era estar en una sitcom. Estaba trabajando duro, pero, confesó, no "estaba progresando en la escena humorística". Aún así, consiguió las risas suficientes como para pasar la audición en el local de comedia más grande de Nueva York, The Improv, donde trabajó en la misma sala, aunque no en el mismo horario, que Larry David, Jerry Seinfeld y Gilbert Gottfried ("Cuando yo subía, solo había un par de personas en la audiencia", dijo). Buscemi descubrió que le gustaba la atención pero no el aislamiento competitivo de los cómicos. "Cuando estás haciendo stand-up, no puedes compartirlo con nadie", dice. "Cuando estás actuando, lo estás compartiendo con el público, pero también con la gente del escenario. Eso es muy importante para mí". Su problema, dijo, era que "no tenía mi propio estilo. No estaba definido como comediante ni como persona... Cuando interpretaba un personaje, me sentía más cómodo conmigo mismo".
Los desafíos de la comedia y la caracterización llegaron juntos para Buscemi alrededor de 1982, la razón fue Mark Boone, Jr., quien trabajaba como barman en el Red Bar en la East Village. En ocho años de colaboraciones como el surreal dúo de actuaciones Steve and Mark, Buscemi y Boone consiguieron un entusiasta grupo de seguidores. Su forma de humor era, según Jarmusch, "algo entre el teatro de vanguardia y la comedia". Buscemi era nervioso y amable, con, según Boone, "un deseo demente de no ser golpeado"; Boone, a pesar de su gruñón y sincero fanfarroneo, tenía una actitud más relajada. Boone estaba inspirado pero era obstinado; Buscemi era muy serio. Su química utilizó sus diferencias para la comedia. "Un montón de nuestras piezas eran acerca de la falta de comunicación o la envidia", dice Buscemi.
Sus batallas artísticas eran generalmente en Veselka, una cafetería ucraniana en la Segunda Avenida, donde se juntaban para trabajar en el material de sus sketches, el cual trataba siutaciones como la rivalidad entre mendigos y disputas entre Hare Krishnas. "Al comienzo un montón de cosas surgieron de escuchar a escondidas cosas que alguien decía en la mesa de al lado", dice Boone. En "Yap Thaw", su más sofisticada pieza, Steve y Mark, vestidos de gris y usando medias en sus manos, subían al escenario como perros -caminando, tomando, cavando, ladrando, mordiendo, peleando- y luego mutaban en hombres. La escena explotaba la concentración, agresividad e incertidumbre a partir de las cuales ambos intérpretes hacían teatro. Con esa obra lograron su primera reseña en el Times: "Una variante intelectual de la East Village del clásico equipo de humor... Un satisfactorio estilo cómico beckettiano".
La comunicación entre los dos actores, sin embargo, a menudo era difícil. "Yo siempre me estaba descargando con Boone", dijo Buscemi. "Su timing era muy diferente al mío. Yo me enojaba con él por no llegar antes con sus líneas. Él se enojaba conmigo por anticiparlas". A pesar de todo, en Folk City, un local de música popular en la Village, sus funciones tuvieron tan buenos resultados que se les permitió escribir, elegir actores y poner en escena cuarenta minutos de material cada semana durante quince semanas. "Al final estábamos hartos uno del otro", dice Boone. "Las ultimas tres cosas que hicimos fueron sobre peleas". Aún así, las funciones fueron un laboratorio de donde Buscemi salió con nueva astucia y concentración. "Realmente aprendí mucho de Mark sobre ritmo y sobre cómo no buscar las risas obvias", dijo Buscemi. "Está bien dejar al público sin saber por un momento y revelar poco a poco, permitirles trabajar un poco".
Buscemi conoció a Jo Andres casi en la misma época en que conoció a Boone. Andres había sabido de él meses antes de que él la conociera, en la manzana de la East Tenth Street entre la Avenue A y la Primera, donde ambos vivieron. Una noche a fines de 1983, Andres había estado caminando por la East Village con su amigo Tom Murrin, quien se hacía llamar el Alien Comic (posteriormente Buscemi haría un cortometraje sobre él, "Luna Macaroona"). Vieron un poster de Steve and Mark. "Ves ese tipo?", dijo Andres, señalando a Buscemi. "Algún día voy a encontrar a ese tipo y engancharlo".
Hoy en día, por la fama de Buscemi, Andres se refiere bromeando a ella misma como "la presidenta del club de los cero a la izquierda". Sin embargo, cuando la pareja recién se conocía, ella era la que tenía reputación. Ella tenía cerca de treinta; él tenía veintiséis. Ella era una coreógrafa innovadora en la floreciente escena artística del centro y había hecho películas experimentales, girado por Europa, ganado becas y recibido atención de la crítica. "Yo estaba totalmente fascinado por ella: la forma en que se veía, la manera de sonreír", dijo Buscemi. "Luego descubrir que era esa talentosa persona... Su trabajo era misterioso y fascinante para mí".
Con Andres como compañera y guía, Buscemi se encontraba en medio de uno de los periodos dorados de la actuación experimental estadounidense. Participó en un par de piezas de danza de Andres y en las obras experimentales de John Jesurun, incluyendo el éxito de culto de 36 episodios, "Chang in a Void Moon", en el Pyramid Club. Actuó con el Wooster Group en el Performing Garage, en SoHo. El Limbo Lounge, el Pyramid Club, King Tut's Wah Wah Hut, Club 57, Darinka y el Red Bar eran los puntos de referencia de su nueva vida. El círculo de conocidos de Buscemi incluía a los directores Jarmusch, Rockwell, Eric Mitchell, Elizabeth LeCompte, Tom DiCillo y Sara Driver; los actores Spalding Gray, Willem Dafoe, Richard Edson, Eszter Balint, Ron Vawter y Black-Eyed Susan; los performers Rockets Redglare, John Kelly y Frank Maya; los artistas visuales Julian Schnabel y George Condo; las bailarinas Anne Iobst, Lucy Sexton y Mimi Goese; y el grupo musical They Might Be Giants.
Una noche de 1984, un show de las 11:00 p.m. en el Limbo Lounge donde se presentaban Tom Murrin y el dúo feminista post-punk formado por Iobst y Sexton, Dancenoise, fue cancelado por las quejas de los vecinos por una banda de heavy-metal que había tocado más temprano. Los intérpretes y el público estaban pululando afuera del club, preguntándose que hacer, cuando Buscemi dijo: "Por qué no hacen el show en mi apartamento?". "Treinta o más personas, y todos nuestros utileros, caminamos hacia la casa de Steve", dice Murrin. "Dancenoise y yo actuamos en el living de Steve. Los shows de Dancenoise a menudo terminaban en una cascada de sangre, y mis shows también eran muy enredados". Murrin continúa: "Me acuerdo que le dije lo generoso que era. Dijo: 'Diablos, quería ver los shows'. Más adelante, en su apartamento, noté una mancha roja en la pared. Dije: 'Qué es esto?'. Él contestó: 'Sangre de Dancenoise'. Fue una noche memorable y no quería limpiarla".
En 1980, después de que su nombre saliera en la lista de empleos públicos, Buscemi aceptó un trabajo como aprendiz con la Engine Company 55, en Little Italy. Por miedo a convertirse en blanco de de las bromas de sus compañeros bomberos, no dijo nada sobre la actuación. "Creía que iban a pensar que eso no era algo masculino", dice. Sin embargo, una vez que los otros bomberos descubrieron su pasión secreta, la apoyaron. "Me obligaban a actuar en las fiestas", dijo Buscemi. También asistían a sus shows. A sus amigos artistas su trabajo fijo les parecía igualmente glamoroso.
La agenda de Buscemi actuando y combatiendo incendios era agotadora. Quería dedicarse full time al negocio del entretenimiento, pero le preocupaba que eso fuese demasiado riesgoso. No tenía representante, ni conexiones con la industria mainstream y tampoco atractivo físico convencional. "La cara de Steve originalmente era una cara a la que nadie quería mirar", dijo Jesurun. "En ese entonces, Rob Lowe estaba de moda. La gente me decía: 'Tienes que conseguir alguien técnicamente apuesto'". Finalmente, en el otoño de 1984, Buscemi se tomó tres meses de licencia del Departamento de Bomberos, la cual pronto se extendería a un año. Estaba en su segundo año de ausencia, trabajado como camarero en el King Tut's Wah Wah Hut, cuando un amigo del cuartel de bomberos entró y le preguntó cómo le iba. "Le dije: 'Tengo una película que está por salir y voy a hacer una obra'", dijo Buscemi. "Volvió y le dijo a todos que estaba pasándola mal y que me escondía detrás de una fachada". Los hombres de la Engine Company 55 se encargaron de preparar el papeleo para que Buscemi volviera. "Chicos, me encantó que hiciesen esto por mi", dijo Buscemi. "Pero no volveré".
En 1986, Buscemi apareció como un cantante de rock muriendo de sida en "Parting Glances" de Bill Sherwood. Esta película independiente de bajo presupuesto, que ahora se siente chirriante y caricaturesca, fue una de las primeras películas en tratar la crisis del sida. "Aceptó ese papel en una época en que muchos actores heterosexuales nunca tomarían un papel homosexual", dijo Jesurun. Cuando "Parting Glances" fue estrenada, una crítica la desestimó como "un desfile de estereotipos homosexuales" pero destacó la "presencia poderosamente anárquica" de Buscemi. Con la reseña en la mano, Murrin se dirigió precipitadamente al King Tut's Wah Wah Hut. "Le decía a Jo cómo creía que eso sería una gran oportunidad para Steve: un montón de directores le prestarían atención, iba a conseguir más papeles en películas", dijo Murrin. "Ella dijo: 'Bien, es bueno, porque es mejor como actor que como camarero'".
En los próximos tres años, Buscemi haría catorce películas; para mediados de los años noventa, el número había aumentado a cuarenta y dos. "De repente, fue como si hubiese un impuesto Steve Buscemi en Hollywood", dijo Jarmusch. "Era como: 'Quieres hacer una película? Debes tener a Steve'".
No fue la mirada con ojos saltones, ni la cara pálida, ni la capacidad amenazante lo que llevó a Buscemi a conseguir el papel de Mr. Pink, el más letal anti-propinas en la historia del cine, en "Reservoir Dogs" (1992) de Quentin Tarantino; fue su pelo peinado hacia atrás en una grabación para una audición de una comedia de Neil Simon. Según Buscemi, Tarantino lo contrató porque consideró que se parecía a un criminal. Mr. Pink fue la tarjeta de presentación de Buscemi al mainstream. "Fue la primera vez que la Costa Oeste supo quien era yo", dijo.
La complejidad que Buscemi le brinda a sus personajes malos tiene que ver tanto con la humanidad que transmite como con el odio que representa (aunque la escena de las propinas en "Reservoir Dogs" fue el prólogo de un baño de sangre, cuando los muñecos de la película fueron comercializados Buscemi se negó dar el permiso para que utilicen su imagen a menos que el de Mr. Pink fuese al mercado sin armas). "Siempre te gusta en las películas", dijo John Waters. "Incluso si es un villano, estás de su lado". Buscemi no siempre es un asesino a sangre fría; también es una divertida víctima. En "Fargo", por ejemplo, al personaje de Buscemi primero le distaran en la cara, luego lo meten en una picadora de madera. En el segmento de Martin Scorsese de "New York Stories" (1989), Nick Nolte limpia el piso literalmente con Buscemi. Y en el final de "Mystery Train" Buscemi, después de que le disparan accidentalmente en la pierna, es echado dentro de la caja de un camión.
Después de un tiempo, sin embargo, Buscemi se cansó de ser elegido para el tipo de papeles que él llama "psicópatas de mala pinta". "Así que pensé: Por qué no escribir unos papeles interesantes para mis amigos y yo?", dijo. "Además extrañaba el control creativo que tenía cuando trabajaba con Boone. Pensé: Si podíamos crear nuestro propio material en el teatro, por qué no en el cine?".
Tomar la decisión fue fácil; escribir el guion fue difícil. Buscemi se inscribió en un curso de fines de semana de escritura de guion. Algunas notas a simple vista que se pueden ver en su cuaderno blanco y negro son: "Haz visual tu escritura"; "No des detalles pero conocelos ... 2-3 minutos. Toma notas"; "Conoce los planes [de los productores] - qué quieren de ti? Nunca escribas un guion especulando según sus ideas. Nunca hables sobre dinero". El profesor predicaba la estructura como palabra santa; le enseñaba a sus estudiantes a nunca escribir diálogos o escenas hasta que la historia completa estuviese planeada. "Traté de hacer un resumen", dijo Buscemi. "Me frustraba siempre. Podía sentir mi cuerpo resistiéndose". Más tarde, de casualidad, se encontró en una retrospectiva de John Cassavetes en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. "Las películas eran tan impredecibles", dijo. "Iban en direcciones sorprendentes y no convencionales. Al final de la película sentía como si hubiese vivido una experiencia personal". En un periodo de diez días, Buscemi miró todas las películas de Cassavetes. Luego, en vez de tratar de saber todo sobre la estructura y los personajes de su película antes de sentarse a escribir, Buscemi se permitió perderse. "Trees Lounge" es una notable prueba de ese método, una película compleja donde la aparente falta de rumbo de la narrativa se transforma en una metáfora de las paralizadas vidas de sus personajes. La película estuvo en alrededor de media docena de listas top 10 en 1996, y ha continuado teniendo influencia en la cultura estadounidense.
"Fue muy bien escrita y muy simple", dice David Chase, el creador de "Los Soprano". "Me gustó mucho la elección de actores". Por poco tiempo consideró a Buscemi para el papel de Tony Soprano, y además admiró la actuación que Buscemi consiguió de Chloë Sevigny de 21 años en ese entonces. Chase contrató a las directoras de casting de Buscemi para "Los Soprano" e invitó a Buscemi a dirigir un episodio (el episodio que Buscemi dirigió, "Pine Barrens", fue nominado al Emmy en 2001 y generalmente es considerado uno de los mejores de la serie). Buscemi dirigió dos episodios más, en la cuarta y quinta temporada de la serie. El año pasado, estuvo frente a las cámaras, interpretando a Tony Blundetto, un ex convicto y antiguo masajista, que es asesinado en el último episodio por su primo Tony Soprano. Y este verano ha vuelto por su cuarta experiencia como director.
En un sofocante día a principios de agosto, una maniobra en masa incluye al reparto y equipo de "Los Soprano" que se apoderan del estacionamiento de Leonard's La Dolce Vita, un lujoso capricho arquitectónico que se encuentra al lado de una estación Mobil de Northern Boulevard en Great Neck. La monumental fachada del restaurante incluye seis columnas corintianas y un par de leones lanzando agua dentro de caracolas; la decoración de su chandelierizado interior parece salido de esos emporios kitsch de la Quinta Avenida que se están "fundiendo" permanentemente. Buscemi estaba dirigiendo el episodio número 70, "Mr. and Mrs. Sacrimoni Request", donde al gangster Johnny Sack, esperando un juicio en prisión, se le permite salir por seis horas para asistir a la boda de su hija. Fue el episodio más complejo estratégicamente, fueron necesarios: nueve camiones, cuatro trailers, ciento un actores y doscientos cincuenta extras.
Buscemi llegó al set a los 3 p.m., con su usual ropa de civil gris y negra y sandalias. Entre los corpulentos miembros del equipo y el reparto ítalo-americano, él era fácilmente el hombre más delgado, un hilo de spaghetti en medio de albóndigas. Incluso en el set, se movía en su propio círculo de soledad. No era el centro de atención, ni hacía escenas, ni leía líneas, ni increpaba a nadie. Buscemi era un general que casi nunca hacía notar su cargo. "Algunos directores son muy autoritarios, tras lo cual quizás un poco condescendientes", me dijo Phil Abraham, el director de fotografía del episodio. "Steve tiene un contacto muy suave".
Buscemi contempló el barullo del primer ensayo del día en el llamativo segundo piso del restaurante. Abraham estaba organizando los dobles, cada uno con el nombre del personaje en una tira de cinta protectora sobre su solapa, dentro de un semicírculo, para una toma de Tony y su pandilla hablando con otro grupo de gangsters sobre el comportamiento emocional de Johnny Sack: se viene abajo cuando los federales lo llevan devuelta a prisión. A las tres y media, los "Soprano" habituales llegaron para tomar sus posiciones. Buscemi comenzó a cambiarlos de lugar y mezclar algunos extras dentro del fanfarroneante montón. "No quería que parezcan los Jets contra los Sharks", dijo.
El estilo de dirección de Buscemi, dice Chase, "es claro y sin pretensiones. No hay nada de artista torturado. No actúa". Dirigiendo, como actuando, Buscemi da lugar a accidentes; no hace demasiados planes. Confía el trabajo a sus colaboradores y su confianza se muestra en su buena disposición para tomar una buena idea de cualquiera. "Hay algo de ingenuidad", dijo. "Cosas muy interesantes llegan por no saber cuales son las reglas, lo que puedes y no puedes hacer. Tengo que ser cuidadoso de no caer en un lugar donde me arriesgue menos". "Para muchos ser indeciso no es una opción", dijo Abraham. "Steve no es así en absoluto. Steve es como: 'Averiguémoslo juntos'". Después de charlar por un momento con Abraham, Buscemi reorganizó el grupo, luego volvió a mirar a la nueva formación a través del lente de la cámara. "No es muy visual", continuó Abraham. "Creo que responde a cosas visuales cuando es conducido por ese camino. No creo que reflexione sobre transiciones visuales entre escenas".
Buscemi se concentra principalmente en los personajes. "Este episodio es sobre apariencias, la percepción de la gente entre sí", dijo. "Tony sale del hospital y necesita reafirmarse. Johnny Sack queda mal parado. Phil Leotardo ve su apertura". En cierto punto de la escena, después de que Leotardo insulta a Johnny Sack por llorar en público, Tony dice: "Tratándose de hijas, cualquier cosa puede ocurrir. He visto tipos más duros que John llorar en bodas". Buscemi se dirigió hacia el escritor y productor del episodio, Terence Winter. "Tony se cree lo que está diciendo?", preguntó. "No", dijo Winter; Tony estaba siendo diplomático. Después de seis años, las estrellas de "Los Soprano" conocen a sus personajes íntimamente, pero no necesariamente entienden sus respuestas internas a cada latir del diálogo. Las sugerencias de Buscemi -como la que le susurró a James Gandolfini para esta escena- eran como signos de puntuación en una oración bien hecha: anotaciones rítmicas que dan tempo, tonalidad y sorpresa.
Más adelante en la escena, Buscemi vio como un fornido invitado de la boda pasó frente a los gangsters y agregó su propia opinión sobre el colapso de Johnny Sack: "Terrible aquello, eh? Pobre tipo". El actor tiró la línea al círculo como un escocés tirando un tronco; la escena de repente dejó de fluir. "Tomate tu tiempo para entrar. Es un vals", le dijo Buscemi al actor, sin resultado alguno. Frank Vincent, quien interpreta a Phil Leotardo, seguía olvidando sus líneas; Buscemi rompió la tensión preguntando: "Algo más que tengas para decir?". "Fue muy gracioso", dijo Abraham. "Todos estábamos reprimiendo la risa, y Steve vocalizó el sentimiento de todos. Hizo que el actor se sintiese mejor con respecto al asunto. Todo el mundo la pasó bien".
Cuando Buscemi dirige, su reputación como actor le da cierta autoridad con el reparto. "Es un evento especial", dijo Abraham. "Me impresioné mucho, en 'Pine Barrens', con la manera en que trabajaba con los actores. Pienso que consiguió actuaciones de Tony Sirico y Michael Imperioli que yo no había visto antes. Los sentidos de los actores estaban intensificados". Imperioli, recordando una escena en donde su personaje es interrumpido por unos traficantes mientras disfrutaba de un baile erótico, dijo: "Él se me acerca y me dice: 'No te saltees este momento, interpretalo. Debes hacerlo como si estuvieses un poco decepcionado por tener que hacer negocios'. Yo pensé: 'Cómo se me pudo haber escapado eso?'. Constantemente me hace sentir que no estoy haciendo mi trabajo adecuadamente".
En quince puestas en marcha de cámara en un día de doce horas, Buscemi minimizó el guion a cinco páginas. En una escena, cortó las últimas palabras de un personaje y en su lugar permitió que la cámara enfocara silenciosamente su atormentado rostro. Para una escena en la que la hija de Johnny Sack abandona su fiesta, Buscemi convenció a Vince Curatola, quien hace de Johnny, para que tenga una presencia más ruidosa: "Trata de conseguir contraste: cuanta mayor felicidad, mayor el impacto de las lágrimas". Luego apartó a Curatola para hablarle sobre el clima de su colapso emocional. "Él quería que todo salga bien para su hija", le dijo Buscemi. "Todo está siendo arruinado. Podrían ser sus últimas seis horas". Buscemi caminó hacia la fuente del medio del camino de entrada al restaurante y observó el trabajo de Curatola. "A medida que dirijo más -aunque me frustro- no me lo tomo tan personal como solía hacerlo", dijo. "Solía pensar que no eran lo suficientemente rápido o hábil. Lo estoy pasando mucho mejor. Me estoy acercando a lo que siempre quise: disfrutar de dirigir tanto como lo hago actuando".
Luego esa tarde, Buscemi y Winter se dirigieron al trailer de maquillaje para examinar las cicatrices diseñadas para Tony Soprano. "Esto es lo que tendría Jimmy ahora", dijo la maquilladora Kymbra Callaghan-Kelley, refiriéndose a Gandolfini y extendiendo una cicatriz rojiza que parecía una anchoa suturada. "Desde el momento que lo cosieron, estuvo dos semanas en el hospital", dijo Buscemi. "Pensé que una cirugía plástica quedaba más refinada que eso". Callaghan-Kelley insistió que la cicatriz era elegante; para comparar, se ofreció a mostrarle la cicatriz abdominal de su operación fibroide. "Un cirujano plástico me hizo esto", dijo Buscemi, señalándose una marca larga y blanca casi invisible en el submaxilar. "Cuando tuve ese asunto del ataque con el cuchillo" (en 2001, filmando "Domestic Disturbance" en Carolina del Norte, Buscemi separó una pelea de bar entre el actor Vince Vaughn y un local que afirmaba que Vaughn estaba coqueteando con su novia; poco después, Buscemi tuvo un altercado con otro impulsivo individuo, quien sacó un cuchillo de caza de su bota). En el camino de vuelta al set, le pregunté a Buscemi como se había hecho la cicatriz Tony Soprano. "Si te dijéramos", dijo, "no saldrías de aquí con vida".
Todos los personajes cuyas historias Buscemi elige contar en sus películas tienen en común el mismo dilema: están atascados en un purgatorio del cual puede que salgan o no. Las historias vuelven compulsivamente a la infelicidad de la juventud clase trabajadora de Buscemi; al mismo tiempo, son un recordatorio de su triunfo por sobre ella.
El pasado abril, me senté con Buscemi en una habitación de la oficina de Chelsea de InDigEnt, una compañía productora que se especializa en realizaciones digitales de bajo presupuesto. Buscemi estaba ahí para editar su último largometraje como director, "Lonesome Jim", una película escrita por el guionista debutante James C. Strouse y protagonizada por Casey Affleck y Liv Tyler. Filmada en el curso de dieciocho días en Goshen, Indiana, donde se crió Strouse, la película cuenta la historia de Jim, un escritor fracasado que tiene que volver a la casa de sus padres y trabajar en la fábrica familiar. "El personaje principal está muy deprimido y las cosas van de mal en peor", dijo Buscemi. "El humor es negro y seco". Agregó: "Es muy difícil sostener eso. Tenemos que averiguar cuánto es demasiado. Eliminando cosas y preguntándote si la historia está perdiendo información".
Me mostró una escena en donde el hermano de Jim, Tim, está entrenando un equipo de basketball de torpes chicas de diez años de edad. En el entretiempo, con las chicas descansando, los hermanos se acercan a los casilleros y hablan. Después de que Jim se lamenta de su propia situación durante un rato, Tim se le suma. "Soy muy infeliz. Tengo esos sentimientos. Oscuros. Desesperanzadores", dice. Jim se compadece. "Yo en tu lugar, no estoy seguro si podría... continuar", dice. "Es decir, mira cuan lejos estás de todo lo que deseabas. Viviendo con mamá y papá solo para poder comer, ganando un dólar más que el sueldo mínimo a los treinta y dos años de edad. Quiero decir, yo estoy jodido, pero tu eres una maldita tragedia". Tim sale huyendo del gimnasio, estrella su automóvil contra un árbol y termina en el hospital. "Quiero que sea real", dijo Buscemi. "No quiero burlarme de la situación, pero, al mismo tiempo, es medio gracioso que el tipo no se de cuenta de que lo que le está diciendo a su hermano es horrible". Continuó: "Si en el guion el hermano se hubiese suicidado, no me hubiese interesado hacer la película".
En una templada tarde de otoño, Buscemi y yo tomamos un taxi hacia Engine Company 55, ubicada en la Broome Street. Buscemi dio un paseo por la estación, señalando el techo de baldosa Guastavino y el slogan de la compañía "Second to None" [mejor que cualquiera], que estaba colocado al lado de un brillante camión. El trabajo de una estación de bomberos, la cual trabaja en conjunto con una compañía de camiones de bomberos, específicamente es apagar los incendios, "put the wet stuff on the red stuff" [poner lo húmedo en lo rojo], como dicen los bomberos. El primer incendio de Buscemi fue en una fábrica clandestina en la Canal Street. En sus años de trabajo, trabajó en tres de los cuatro puestos de la estación: manguera, boca de manguera y apoyo. Al momento de renunciar, le tocaba aprender a conducir el camión. En el fondo de la estación de tres pisos estaba la sala de estar, donde el capitán y los cinco bomberos que conformaban la compañía miraban televisión y comían. Un par de ellos se quedó hablando con Buscemi; uno mencionó "Los Soprano" y lo felicitó por la manera tan efectiva en que murió en la serie: muerto de un balazo, con bolsas de comestibles en ambas manos, por la escopeta de Tony Soprano. "Lo he estado haciendo por veinte años ya", dijo Buscemi, sobre morir en la pantalla. "Es lo que hago mejor".
La muerte real, sin embargo, es una cosa distinta. Engine Company 55 perdió cinco hombres el 11 de septiembre de 2001. Cuando Buscemi habla sobre ese día, sus ojos todavía se le llenan de lágrimas. Esa mañana, él estaba en el aeropuerto, intentando volar al Festival de Cine de Toronto. Al día siguiente, volvió a la estación, donde un bombero fuera de servicio que estaba transportando voluntarios al Trade Center le ofreció llevarlo al lugar. "Tenía mi casco y mi viejo equipo", dice Buscemi. "Me estaba llevando y un policía me miro, como que me reconoció, e hizo un gesto de: 'de acuerdo'. Una vez que llegué, fui libre de ir a cualquier lado que quisiese". Buscemi caminó durante una hora y media antes de encontrar a su compañía, cerca del sitio de la derrumbada torre norte. "Les importa si trabajo con ustedes muchachos?", preguntó. Durante los siguientes cinco días, trabajando en turnos de diez horas, Buscemi fue parte de la brigada del cubo sacando escombros. "Llegaba a casa cubierto de cenizas", dice Andres. "Tenía un olor tan intenso que se sacaba todo en la puerta y trataba de ir directamente a la ducha". "Fue como estar en otro planeta. No tienes referencias, a excepción de las películas", dice Buscemi. "De hecho, venia gente y me preguntaba: 'Esto es como un set de filmación?'. Yo les decía: 'Como ningún set en el que haya estado jamás'. Mientras estuve allá trabajando, en realidad me sentí bien. Aunque odié el motivo, me encantó estar con esos chicos, estar en el camión, usar mi equipo otra vez. Incluso me sentí culpable por eso. Me preguntaba: 'Por qué me siento así de bien?'. Era porque estaba con ellos".
Después, sin embargo, las emociones de Buscemi se sumergieron en un "territorio inexplorado". "Nunca supe cuando iba a golpear", dice. "A veces me ponía impaciente con Jo o Lucian". Desde entonces, ha estado más activo políticamente: ha luchado por salvar estaciones de bomberos y los ha apoyado, y antes de la última elección presidencial, junto a su esposa y algunos colegas, trabajó para registrar votantes en algunos estados indecisos. En 2002, cuando Alexandre Rockwell le pidió que lo ayudara poniéndose en contacto con estrellas de Hollywood para recaudar dinero para su nueva película, Buscemi fue inusualmente brusco. "Sabes, con todos los funerales a los que he ido y las cosas que he visto, realmente me importa una mierda todo eso de Hollywood", dijo.
Aún así, la fama de Buscemi le hizo conseguir cierta cantidad de influencia comercial y social. A lo largo de los años, ha practicado tiro al blanco con William S. Burroughs (en su oficina cuelga un blanco encuadrado, con la inscripción del autor: ".45 Long Colt. El arma con la que no puedes fallar"); ha asistido a las bodas de Paul McCartney y Elvis Costello. En los IFP Gotham Awards de 2003, donde fue reconocido por su contribución a la comunidad de cineastas de Nueva York, Buscemi agradeció a Jerry Bruckheimer, productor de éxitos de taquilla de Hollywood. Bruckheimer "ha hecho posible que pueda hacer tantas películas independientes", dijo Buscemi, frotando sus dedos (el sueldo por su papel en la película de 1998 "Armageddon" de Bruckheimer también le permitió a Buscemi comprar una vivienda de retiro al norte del estado de Nueva York).
Buscemi lleva una vida modesta en un negocio inmodesto. Para proteger su privacidad, su correo es enviado a otra dirección. Desde que Andres descubrió fans examinando su basura, él ha cortado en tiras toda la correspondencia delicada. El cordon sanitaire, sin embargo, a veces es quebrantado. No hace mucho tiempo, una joven dejó una nota en su puerta que decía: "Vi a Adam Sandler en L.A. andando en bicicleta sin casco. Por favor dile a Adam que use casco".
La mayoría de las noches, Buscemi y Andres juegan al Scrabble en la mesa redonda de la cocina. Y Buscemi pasa tanto tiempo con su hijo, alto y de pelo rizado, como el joven de catorce años se lo permita. La larga sala de estar de la casa de Buscemi ha ido cediendo a la computadora y guitarras de Lucian (Lucian toca el bajo en su banda, Fiasco). Muchas de las imágenes de las paredes fueron encontradas en tiendas de segunda mano; hay una Victrola en el comedor, con el tema musical de "Juliet of the Spirits" permanentemente en su tocadiscos. En la otra punta de la sala de estar hay un televisor con una sombrilla púrpura -una obra de arte de un amigo- colgada encima. Frente a la TV, bajo una fotografía de un inocente Lucian de niño, hay un sofá verde. Aquí padre e hijo compiten para ver quien puede tirar al otro al suelo primero. "Él es duro, pero sé defenderme muy bien", dice Buscemi. "Cuando era chico, solía dejarlo ganar, pero ahora me puede ganar". Según Andres, a veces, inesperadamente, desde el medio de la habitación, Buscemi y Lucian "se zambullen en el sofá". "Nada muy sofisticado o audaz", insiste Buscemi, pero, como muchas cosas en su vida, aún así es un salto.


